lunes, 22 de octubre de 2012

Escenario

Esperando en la peluqueria...




Anselmo leía el periódico deportivo mientras esperaba su maldito turno para arreglarse esos pocos cabellos grisáceos que le quedaban. ¡Ay! Poco quedaba ya de aquellos días en los que una mata negra azabache imbuía su cabeza y le tapaba totalmente la cabeza sin dejar claros en ninguna parte. Era un pelo negro con estilo, con elegancia, saber estar… pensaba Anselmo, no como los hippies que se dejaban esos pelos largos que parecían mujeres. Los hombres tenían que llevar el pelo corto y bien peinado a poder ser con la raya a un lado, no como los jóvenes de ahora que no hacían más que ponerse gominas, lacas, ceras y pamplinas. ¡Coño es que se dan más potingues que las mujeres!. ¡Ay! Los jóvenes de ahora… los ponía yo a segar espliego de sol a sol y no a pasear mochilas como van ahora, así entenderían lo que es de verdad trabajar y sufrir por vivir, no como ahora que van como marqueses: que si móvil, que si Ipod, que si ropa de marca… Yo llevaba pantalones cortos en invierno, eso sí con los calcetines hasta arriba y poco más podía tener salvo la ropa de los domingos para ir a la iglesia.

-Juan hijo mío, ¿vas a terminar de una vez? Es que me van a dar las uvas chiquillo…

-Tranquilo Anselmo que no me queda ya nada.

-Si no estuvieras de cháchara estaba ya en casa.

-No se cabree Anselmo, que las cosas se hacen mejor si uno está de buen humor.

         Pero que se habrá creído este tontolaba si yo soy una persona que tiene un carácter muy agradable, mi tía Carlota me lo decía siempre que yo era el bueno de los hermanos. ¡Ay! Mis hermanos... menudos garrulos, y encima malos como ellos solos; el Joaquín un borracho y mi hermana María una víbora mira que no ayudar a madre con…

         -¡Anselmo le toca!

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